La seguidilla de salidas expone una etapa de fuerte tensión interna en la gestión nacional.
Las renuncias no fueron hechos aislados, sino parte de un proceso más amplio de reordenamiento del poder.
Funcionarios de alto perfil dejaron sus cargos en pocas semanas, generando un escenario de incertidumbre.
La situación obliga al Gobierno a sostener la gestión con estructuras provisorias.





