La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el gobernador bonaerense Axel Kicillof protagonizaron un fuerte cruce público a raíz de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. El intercambio expuso dos miradas opuestas sobre el mercado de trabajo, el rol del Estado y el significado de la justicia social en la Argentina actual.

Bullrich defendió los cambios propuestos al sostener que el esquema laboral vigente “expulsa trabajadores al sector informal” y desalienta la creación de empleo registrado. En ese marco, afirmó que la reforma busca generar más trabajo formal, reducir litigiosidad y dar previsibilidad a las empresas, al tiempo que cuestionó el modelo sindical y las regulaciones que, según su postura, “protegen a pocos y dejan afuera a muchos”.

Desde la vereda opuesta, Kicillof rechazó la iniciativa y advirtió que implica una pérdida de derechos para los trabajadores. El gobernador bonaerense sostuvo que la reforma avanza sobre conquistas históricas del movimiento obrero y consideró que flexibilizar las condiciones laborales no garantiza mayor empleo, sino mayor precarización. “Esa es la justicia social que proponen”, lanzó, en tono crítico, al referirse a la postura del oficialismo.

El cruce reflejó una discusión de fondo que atraviesa la agenda política y económica del país. Mientras el Gobierno nacional plantea la reforma laboral como una herramienta clave para dinamizar la economía y atraer inversiones, sectores de la oposición y del sindicalismo alertan sobre el impacto social de los cambios y el debilitamiento de las protecciones laborales.

La polémica se da en un contexto de debate parlamentario y tensión social, con la reforma laboral como uno de los ejes centrales del programa económico del Ejecutivo. El enfrentamiento entre Bullrich y Kicillof sintetiza las dos visiones en disputa sobre cómo encarar el futuro del trabajo en la Argentina.

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